Existen varios tipos de razones (todas respetables) para consumir cannabis y ya sea de forma lúdica o terapéutica, el uso responsable de cualquier sustancia pasa por tener la máxima información de sus beneficios pero, sobre todo, de los posibles riesgos derivados de la misma o de sus formas de consumo y cómo minimizar éstos. Dado que los efectos beneficiosos de la marihuana (y también los adversos) pueden llegar a ser tan innumerables como discutidos -y damos por sentado que cada consumidor tiene claro qué beneficio encuentra en su uso- solamente haremos un breve repaso a las formas de consumo y sus posibles riesgos.

Usos y precauciones en el consumo de marihuana

Fumar

Entendemos por fumar la forma de consumo que implica la combustión de la materia vegetal a la vez que se inhala el humo derivado de esta combustión; puede causar enfermedades respiratorias como bronquitis, asma e incluso cáncer.

Se puede inhalar el humo en distintos útiles como pipas simples, de agua, bongs, enfriadoras etc, aunque el consumo más extendido en nuestro páis es el «porro», cigarro de cannabis envuelto en papel de fumar, normalmente mezclado con tabaco, con distintos tipos de filtro.

Lo primero que habría que reseñas es que fumar es el método con más efectos adversos debido a los gases que se producen durante la combustión de la materia vegetal que acompaña la resina.

Si contamos con que el cannabis posee efectos

bronquio-dilatadores, es más fácil de entender que si además se mezcla con tabaco comercial -bañado intencionadamente con miles de sustancias tóxicas- el perjuicio es mucho mayor ya que la marihuana propiciará que la toxicidad del humo penetre mucho más en los pulmones. Por este motivo lo más recomendable es no mezclar tabaco en los cigarrillos hechos con marihuana. Otro efecto adverso de la combustión son las altas temperaturas que el humo lleva cuando se introduce en la garganta, las cuales pueden ser causa de cáncer igualmente que los tóxicos presentes en el humo.

El uso de pipas de agua reduce este riesgo al obligar al humo a pasar a través de un depósito de agua donde, además de enfriarse, se depura de muchos tóxicos dejando intactos THC y CBD -principales cannabinoides- al no ser éstos solubles en agua.

porro
Vaporizar

En el método del vaporizado lo que se inhala es vapor procedente de la evaporación de los aceites presentes en el cannabis. Para conseguir una buena vaporización es necesario exponer la sustancia a una fuente de calor que pueda calentar los aceites esenciales presentes en la resina hasta el punto de volatilizarlos sin llegar a alcanzar la temperatura que provocaría la combustión de la materia vegetal.

Existen en el mercado infinidad de modelos de vaporizador, desde los manuales -en los que uno mismo tiene que aplicar el calor con un mechero con el consiguiente riesgo de acabar haciendo humo por combustión- pasando por eléctricos con

una resistencia, hasta llegar a los de más alta gama que funcionan con un flujo de aire caliente cuya temperatura se puede ajustar grado a grado.

El vaporizado es el método más usado por los consumidores de marihuana terapéutica, ya que elimina los efectos negativos derivados de la combustión, pero mantiene la rapidez en la actuación de los efectos -algo importante en tratamientos anti-vomitos por quimioterapia, por ejemplo, donde el usuario necesita un efecto inmediato. También se convierte en un método sibarita de consumo lúdico ya que el vaporizado permite saborear las esencias del cannabis sin la interferencia de sabores procedentes del humo de la combustión.

vapor
Ingerir

El cannabis puede administrarse también de forma oral a través del aparato digestivo comiéndolo tal cual o en algún preparado como mantequilla o aceite -los cannabinoides son solubles en grasas o en alcohol- pero es con toda seguridad la forma de consumo que más se presta a una intoxicación con su consiguiente «mal viaje».

Los efectos del cannabis se sienten una vez éste entra en el torrente sanguíneo; cuando se consume de forma inhalada la actuación es casi inmediata -aunque va en ascensión- ya que en los pulmones el intercambio de sangre es constante, por lo que es fácil dosificar la cantidad que tolera nuestro organismo.

En cambio, cuando el cannabis se ingiere junto a la comida o la bebida el efecto tarda en aparecer ya que es necesaria la

digestión para que los cannabinoides sean absorbidos -el tiempo puede variar entre la media y las dos horas desde su ingestión dependiendo del metabolismo de la persona- y para ello el hígado debe trabajar en metabolizarlos y traansformarlos en otras composiciones que pueden multiplicar la potencia inicial de la marihuana ingerida. Esta es la razón de que sean tan difícul dosificarlo correctamente y de que los efectos sean imprevisibles. También es el motivo por el que este tipo de consumo es desaconsejable para quien padeciese cualquier problema hepático.

La mejor forma de controlar la administración por via oral es la de realizar una extracción -lo ideal sería una tintura elaborada con alcohol puro- que se puede medir con un cuentagotas y empezar la dosificación desde una gota por toma para encontrar la dosis más adecuada.

comida

Intoxicación

Es importante reseñar el peligro que entraña la frecuente idea de cocinar alguna receta pastelera con cannabis e invitar a amigos a compartirlos.

No se trata de un peligro real para salud -no se conoce ninguna dosis letal- pero es fácil que alguien coma de más al no sentir los efectos inmediatamente y una sobre-dosis de marihuana pasa por mareos, bajada de tensión, taquicardias, vómitos e incluso ataques de ansiedad.

Estos síntomas son fácilmente superables si la persona es consciente de que un «mal viaje» se pasará en unas horas simplemente tumbándose en un lugar tranquilo sin estímulos de luz o sonido; beber zumos o comer algo dulce ayudará a que bajen antes los efectos. Nadie se ha muerto por consumir marihuana, pero si la persona no puede controlar el pánico y acaba acudiendo a un hospital, el bien-intencionado cocinero cannábico puede ser acusado de un delito contra la salud pública, por no hablar del intoxicado que posiblemente acabe con un lavado de estómago, tan desagradable como innecesario.