Son incontables las veces que tras el mostrador de un grow-shop uno escucha la pregunta de cuál es la situación legal del cannabis en nuestro país. De hecho lo más gracioso es la expresión de sorpresa de un extranjero diciendo que no sabía que en España la marihuana fuese legal –conclusión a la que llegan tras observar que en la calle la gente fuma sin demasiado disimulo, crecen plantas en los balcones y él mismo se encuentran en una tienda especializada en cultivo y parafernalia -. Efectivamente el uso del cannabis está tan normalizado que, para un observador casual, podría dar la sensación de que es legal aunque nada más lejos de la realidad.

La posesión de semillas es lo único que claramente no es ilegal –al no estar incluidas en el tratado internacional sobre drogas de Viena de 1961- otra cosa diferente es el cultivo de las mismas, que está sujeto a las leyes de cada país, y ya os adelantamos que en el nuestro no hay ningún número de plantas legal, ni siquiera una, todo será cuestión de interpretaciones.

El consumo o tenencia en la vía pública no constituye un delito, pero sí que es considerado una infracción y puede ser sancionado con multas administrativas que van desde los 300€ a los 6000€ según la Ley de Seguridad Ciudadana 1/1992 (Ley Corcuera)

Situación legal de la marihuana en España

Ley 1/1992 Artículo 25.1. Constituyen infracciones graves a la seguridad ciudadana el consumo en lugares, vías, establecimientos o transportes públicos, así como la tenencia ilícita, aunque no estuviera destinada al tráfico, de drogas tóxicas, estupefacientes, o sustancias psicotrópicas, siempre que no constituya infracción penal, así como el abandono en los sitios mencionados de útiles o instrumentos utilizados para su consumo.

Si un incauto fumador ha sido sancionado por las autoridades tiene la oportunidad de librarse de la multa acudiendo a una UCA (Unidad de Conductas Adictivas), lo cual es aprovechado por las estadísticas partidarias de mantener la prohibición para afirmar que miles de personas se han sometido a tratamiento de desintoxicación por cannabis, dato que mayormente responde a los muchos consumidores que no pueden hacer frente a una multa de más de 300€.

De esto podemos extraer que cualquier pequeña cantidad de cannabis que nos sorprendan portando encima será susceptible de multa; la parte que habla del abandono de los útiles de consumo es un vestigio de otra ley de los ´80, cuando la heroína más se consumía y en cualquier sitio público se podían encontrarse jeringuillas abandonadas. Se pensó para aplicar a los heroinómanos que abandonasen las jeringuillas potencialmente infecciosas pero la insolvencia de éstos hizo inútil la medida. Pero a partir de los ´90 resultó un filón recaudativo para aplicarlo al fumador de cannabis –que normalmente no es un marginado social y sí que tiene solvencia- al cual pueden sancionar simplemente por una colilla apagada en el coche, el grinder o pipa que suele portar consigo, gracias a la coletilla “anacrónica” de esta ley.

Artículo 25.2. Las sanciones impuestas por estas infracciones podrán suspenderse si el infractor se somete a un tratamiento de deshabituación en un centro o servicio debidamente acreditado, en la forma y por el tiempo que reglamentariamente se determine.

Aprovechamos para recordar que estas sanciones –al igual que cualquiera de tráfico pueden recurrirse y que hay bastantes alegaciones que pueden llegar a paralizar el proceso sancionador. Encontrarás modelos de recurso en foros especializados.

Código Penal

Se aplica la Ley de Seguridad Ciudadana (y sus sanciones) por la tenencia, consumo o cultivo cuya cantidad o consideraciones –el tener o no una báscula, dinero efectivo sin justificar o pequeñas cantidades separadas en bolsitas etc- no lleven a pensar que la sustancia aprehendida estaba destinada al tráfico, en cuyo caso sí que sería considerado un delito por el código penal en el cual se contemplan penas de prisión, además de las multas. Podemos interpretar que esta ley viene a punir los actos de cultivo o tenencia destinados al tráfico o a promover el consumo ajeno. Por lo tanto, un cultivo privado de pequeñas dimensiones (uno o 2 metros cuadrados), en el propio hogar, fuera de las miradas ajenas y destinado a ser consumido por uno mismo -igualmente en privado- no debería, en principio, poder ser penado por este artículo.

Artículo 368 Los que ejecuten actos de cultivo, elaboración o tráfico, o de otro modo promuevan, favorezcan o faciliten el consumo ilegal de drogas tóxicas, estupefacientes o sustancias psicotrópicas, o las posean con aquellos fines, serán castigados con las penas de prisión de tres a nueve años y multa del tanto al triplo del valor de la droga objeto del delito si se tratare de sustancias o productos que causen grave daño a la salud, y de prisión de uno a tres años y multa del tanto al duplo en los demás casos.

Los siguientes artículos hablan claramente del delito de tráfico, las cantidades de notoria importancia y las circunstancias que se consideran agravantes del delito.

Artículo 369 1.Se impondrán las penas superiores en grado a las señaladas en el artículo anterior y multa del tanto al cuádruplo cuando concurran alguna de las siguientes circunstancias: · El culpable fuere autoridad, funcionario público, facultativo, trabajador social, docente o educador y obrase en el ejercicio de su cargo, profesión u oficio. · El culpable perteneciere a una organización o asociación, incluso de carácter transitorio, que tuviese como finalidad difundir tales sustancias o productos aún de modo ocasional. · El culpable participare en otras actividades organizadas o cuya ejecución se vea facilitada por la comisión del delito. · Los hechos fueren realizados en establecimientos abiertos al público por los responsables o empleados de los mismos. · Las sustancias a que se refiere el artículo anterior se faciliten a menores de 18 años, a disminuidos psíquicos o a personas sometidas a tratamiento de deshabituación o rehabilitación.

Fuere de notoria importancia la cantidad de las citadas sustancias objeto de las conductas a que se refiere el artículo anterior. · Las referidas sustancias se adulteren, manipulen o mezclen entre sí o con otras, incrementando el posible daño a la salud. · Las conductas descritas en el artículo anterior tengan lugar en centros docentes, en centros, establecimientos o unidades militares, en establecimientos penitenciarios o en centros de deshabituación o rehabilitación, o en sus proximidades. · El culpable empleare violencia o exhibiere o hiciese uso de armas para cometer el hecho. · El culpable introdujera o sacare ilegalmente las referidas sustancias o productos del territorio nacional, o favoreciese la realización de tales conductas.

Activismo y CSCs

Durante más de dos décadas el movimiento pro normalización y antiprohibicionista español se ha concentrado en torno a asociaciones regionales más o menos federadas a nivel nacional. Desde ellas se articulaban distintas estrategias de presión a los poderes políticos como manifestaciones y elaboración de manifiestos públicos, recogida de firmas etc; de información y orientación al consumidor sancionado -cuando ésta no estaba tan accesible como hoy en día gracias a internet- y de desobediencia civil al organizar catas, concursos y finalmente cultivos colectivos amparados por el derecho de asociación… piedra a piedra se intentó derrumbar el muro de la absurda y manifiestamente inútil prohibición.

Dichas asociaciones y cultivos colectivos son los precursores de los Cannabis Social Club que hoy proliferan por toda la península –los cuales proveen a sus socios de la cantidad necesaria para su consumo- y que dibujan perfectamente el status quo que hemos presentado en este apartado: plantamos y consumimos con cierta normalidad, pero muy lejos de estar amparados y salvaguardados de la actuación del código penal.